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Boda Roberto + anabel

Boda civil en la hacienda Al Yamanah | Austin + Andrea



Conocimos a Anabel y Roberto hace unos años, mientras relazábamos el reportaje de la boda de unos íntimos amigos suyos, Jorge y Rocío. Ese día, ya nos dimos cuenta de que Anabel tenía una personalidad desbordante, que la convertía en la reina de las risas. Roberto mas reflexivo nos enseñaba su carácter dulce y sereno.

Unos años después, para nuestra gran alegría, volvíamos a encontrarnos, habían cambiado muchas cosas desde entonces, ya tenían la casa de sus sueños y sobre todo eran padres de una preciosa niña. Me acuerdo la ilusión que tenían al anunciarme que se iban a casar, estaban radiante de felicidad, y que por supuesto no podíamos faltar para inmortalar ese gran día.

Anabel y Roberto son una pareja con mucha personalidad y una sonrisa que lo ilumina todo, así son ellos, compartiendo risas a todas horas, hizo que todo fuera perfecto. La boda ha tenido mucho de los dos, y mucho de las personas que más quieren, sin olvidar su princesita, que se portó genial aguantando hasta la barra libre.

Empezamos el reportaje muy temprano visitando a Roberto en su barbería habitual donde se respiraba un aire retro-chic que nos gustó muchísimo, algunas fotos en su casa, y seguidamente llegamos a casa de Anabel.

Quienes lean estas líneas y conozcan a Anabel, seguro que estarán de acuerdo con nosotras al decir que ella deja una carga de energía positiva por donde pasa, estaba preciosa y para nada nerviosa, después de una sesión de preparación muy fotogénica, llena de detalles elegantes y delicados, nos dirigimos en una pequeña Ermita en medio del campo, un lugar muy importante para ellos.

La ceremonia dio lugar a momentos de muchas emociones, al son de sus música preferida, gracias a un cuarteto clásico de viento y cuerda que le dio un toque especial y romántico a toda la ceremonia, y rodeado de unos cuantos niños, Anabel y Roberto se prometieron amor eterno allí donde querían, delante de su princesita, familiares y amigos.

De una ceremonia muy emotiva en una preciosa ermita, hasta lo más alto del campo para disfrutar de la naturaleza en un típico cortijo andaluz lleno de rincones y magia, para seguir la celebración.

Ambos querían pasar un día inolvidable con amigos y familia. Y así fue. No por la increíble decoración a la que Anabel se dedicó personalmente, ni por ese lugar que a cada esquina había un rincón más bonito que el anterior, sino porque tanto ellos como los suyos, fueron realmente el alma de la fiesta. No pararon las risas, el buen humor, y por supuesto, una buena fiesta para celebrar este día único.